Historia natural

La historia natural de la enfermedad está formada por una serie de secuencias de acontecimientos que ocurren en el organismo humano entre la acción secuencial de las causas componentes hasta que se desarrolla la enfermedad y ocurre el desenlace (curación, cronificación o muerte).

El virus de la rubéola se transmite por contacto con las secreciones nasofaríngeas de las personas infectadas expelidas en el aire, o las heces u orina de recién nacidos afectados del síndrome de rubéola congénita y recién nacidos sanos hijos de una madre que ha padecido la infección durante el embarazo. También se puede transmitir la enfermedad por contacto con objetos recién contaminados con estas secreciones o sangre de personas infectadas.

Periodo de inducción:

Durante el período de incubación de 16 a 18 días por término medio, con límites de 14 a 23 días, el virus se multiplica en las células del epitelio respiratorio superior, llega a los ganglios linfáticos y después de una fase de viremia se difunde por el organismo y se localiza especialmente en la piel, mucosa respiratoria y otros órganos. Cuando una mujer gestante padece la rubéola, el virus puede atravesar la placenta y producir una infección del embrión.

Periodo de latencia:

Los adultos, a veces, sufren pródomos durante 1-5 días, que consisten en febrícula, cefalea, malestar general, coriza leve y conjuntivitis. Los niños, por lo regular presentan pocos síntomas generales o ninguno. Cuando la infección se produce durante el primer trimestre de embarazo y se produce infección del embrión, aparecen focos de células infectadas en diversos órganos y tejidos con divisiones celulares lentas, alterando el proceso normal de la organogénesis.

Período de expresión o período clínico:

Las manifestaciones clínicas más características son la linfadenopatía retroauricular, occipital y cervical posterior, y la aparición del típico exantema maculopapuloso de color rosa pálido, que se inicia en la cara y se extiende por el cuerpo con 2-3 días de duración, asociado con linfadenopatías generalizadas. La artralgia y, con menor frecuencia, la artitis aparacen particularmente en las mujeres adultas. Las complicaciones como hemorragias o encefalitis son raras. Pero hasta un 50% de las infecciones por rubéola son subclínicas. Los lactantes con síndrome de rubéola congénita pueden presentar manifestaciones clínicas en el momento del nacimiento (sordera, cataratas, glaucoma, cardiopatías congénitas, microcefalia, retraso mental) o infección inaparente que pueden progresar después del nacimiento y detectarse al cabo de varios años. En algunos casos, el recién nacido puede presentar un cuadro de anemia hemolítica, hepato y esplenomegalia, púrpura y neumonía intersticial.

Medidas de prevención primaria:

La inmunización activa es la medida más eficaz. La vacunación frente a la rubéola está recomendada en la mayor parte de los países desarrollados del mundo y en todos ellos se realiza mediante la utilización de vacunas triple víricas (rubeola-sarampión-parotiditis). Sería posible conseguir un efecto de inmunidad de grupo con la vacunación, de forma que podría eliminarse la transmisión del virus en los países donde se lograse alcanzar y mantener en la población una cobertura vacunal del 85-90% a los dos años de edad.

El aislamiento en el hospital de los pacientes en quienes se sospecha rubéola y de los casos confirmados como mínimo hasta 4 días después de la aparición del exantema para prevenir la diseminación de la infección a las personas susceptibles, a pesar que puede ser una medida de poco valor, porque el virus se transmite antes de que se desarrolle la enfermedad y porque los sujetos con infección clínicamente inaparente también pueden eliminar el virus. Debe evitarse en lo máximo posible la exposición de las mujeres embarazadas no inmunes. Los lactantes con síndrome de rubéola congénita pueden excretar virus largo tiempo. Todas las personas que tengan contacto con ellos deben ser inmunes a la enfermedad y debe evitarse el contacto con mujeres embarazadas hasta que los cultivos de material faríngeo y de orina sean negativos para el virus de la rubéola.

A pesar de que la inmunización de los contactos no necesariamente previene la infección ni la enfermedad, se ofrecerá la vacuna triple vírica a todos los contactos susceptibles, siempre que no presenten contraindicaciones para la vacunación. Si la vacuna se administra durante los tres primeros días después de la exposición puede proteger a la persona susceptible expuesta.

También se debe investigar si ha habido algún contacto de los casos de rubéola confirmados con alguna mujer embarazada, durante el primer trimestre de embarazo y que puedan ser susceptibles. En caso de que se haya dado el contacto con una embarazada susceptible, se realizará un examen serológico. Si el resultado es positivo se debe informar a la afectada y se le debe ofrecer la posibilidad de aborto voluntario.

Medidas de prevención secundaria:

La vacunación después de la exposición puede no brindar protección contra la infección natural. Por otro lado, no se ha comprobado que la inmunoglobulina antirubéola ni la gammaglobulina inespecífica sean eficaces en la profilaxis postexposición, no aconsejándose en la actualidad el empleo de ninguna de ellas. De todos modos, se pueden emplear las inmunoglobulinas específicas o hiperinmunes en la protección de las mujeres embarazadas seronegativas expuestas a la infección.

Medidas de prevención terciaria:

No hay tratamiento específico para las infecciones por el virus de la rubéola. El tratamiento es sintomático.