Agente, huésped y medioambiente

El agente lo forman un grupo de factores que en su conjunto se denominan factores etiológicos. El huésped lo forman un grupo de factores intrínsecos que influyen sobre la exposición, la susceptibilidad o la respuesta de los agentes. El medioambiente lo forman un conjunto de factores extrínsecos, que influyen sobre la respuesta, la exposición o la susceptibilidad del agente.

Agente

El factor etiológico de la rubéola es un agente infeccioso específico: el virus de la rubéola.

El virus de la rubéola pertenece al género Rubivirus de la família Togaviridae. Es un virus de simetría icosaédrica, de tamaño medio (60-70 nm). Contiene una cubierta lipídica y un núcleo con un genoma RNA. Se han descrito varios antígenos de la cubierta y del núcleo, pero los que forman la base de las reacciones serológicas más utilizadas para la identificación de la infección son el antígeno inhibidor de la hemaglutinación, o hemaglutinina de la cubierta, y los antígenos fijadores del complemento de la cubierta y el núcleo. Se han descrito tres polipétidos estructurales en el virus de la rubéola denominados E1, E2 y C. El E1 y E2 son glucoproteínas transmembrana y el C es la proteína de la cápside que rodea el RNA del virión. La hemaglutinina y los antígenos fijadores del complemento están compuestos por varias proporciones y mezclas de E1, E2 y C.

 

 

El virus crece en varios sistemas de cultivo tisulares. Como no produce efectos citopáticos significativos, la técnica más comúnmente utilizada para su aislamiento se basa en el fenómeno de la interferencia vírica. Se inoculan células de riñón de mono verde en las que el desarrollo del virus no produce alteraciones citopáticas con productos sanguíneos, secreciones respiratorias o cualquier otro material. A los 9-12 días se añade al cultivo un virus que sí tiene efectos citopáticos (por lo general el echovirus 11). Si el virus de la rubéola está presente, interfiere en el virus añadido y no producen alteraciones citopáticas. El crecimiento del virus de la rubéola en cultivos tisulares puede también detectarse midiendo la producción de hemaglutinina o de antígenos fijadores del complemento y mediante técnicas de inmunofluorescencia.

Huésped

La rubéola es una infección de reservorio exclusivamente humano. La fuente de infección la constituyen las personas enfermas de rubéola postnatal, ya sea en su forma clínica o inaparente, y los recién nacidos hijos de madres que han padecido la rubéola durante el embarazo, tanto si están afectados del síndrome de la rubéola congénita como si nacen sanos pero sufren infección inaparente.

El agente infeccioso se transmite por contacto con las secreciones nasofaríngeas de las personas infectadas expelidas en el aire, o las heces u orina de recién nacidos afectados del síndrome de rubéola congénita y recién nacidos sanos hijos de una madre que ha padecido la infección durante el embarazo. También se puede transmitir la enfermedad por contacto con objetos recién contaminados con estas secreciones o sangre de personas infectadas.

La susceptibilidad a la rubéola es general a partir del momento en que se extingue la inmunidad pasiva transplacentaria procedente de la madre, en el caso de que ésta fuera immune. Esta protección pasiva dura, por lo general, de 6 a 9 meses. La inmunidad es permanente después de la infección natural y se piensa que dura mucho tiempo, tal vez toda la vida, después de la inmunización activa.

Medioambiente

Los factores extrínsecos que influyen sobre la existencia, la exposición o la susceptibilidad del huésped son el ambiente físico, el ambiente biológico y el ambiente socioeconómico.

El virus de la rubéola es inestable, sensible a la temperatura (se destruye a 37ºC en 1 hora), a los pH extremos (de >6,8 a <8,1), a los disolventes orgánicos (éter, cloroformo, formalina) y a la luz ultravioleta. En cambio, es muy resistente al frío, conservándose indefinidamente a -60ºC sin perder efectividad .

La mayor incidencia de la enfermedad ocurre a finales de invierno y principios de primavera.

El agente infeccioso se transmite por contacto con las secreciones nasofaríngeas de las personas infectadas expelidas en el aire, o las heces u orina de recién nacidos afectados del síndrome de rubéola congénita y recién nacidos sanos hijos de una madre que ha padecido la infección durante el embarazo. También se puede transmitir la enfermedad por contacto con objetos recién contaminados con estas secreciones o sangre de personas infectadas.

El principal factor que favorece la exposición es compartir un espacio cerrado con personas enferma o infectada, dada la transmisión por vía aérea, especialmente en situaciones de hacinamiento. Los ambientes con más riesgo de extensión de la enfermedad son el medio familiar (hermanos), el medio escolar y el medio laboral, especialmente los centros sanitarios. En tiempos del servicio militar obligatorio, los cuarteles podían ser fuentes de brotes de rubéola.

Por otro lado, la probabilidad de estar correctamente vacunado depende de otros factores del ambiente socioeconómico, como son el tipo de cobertura sanitaria, la accesibilidad al sistema sanitario, el grado de marginalidad social y las infraestructuras de abastecimiento y conservación de las vacunas.