Los individuos pueden desarrollar sobrepeso a cualquier
edad, pero es más frecuente en ciertas épocas de
la vida. Al nacer, no se puede diferenciar por el peso los sujetos
que se volverán obesos en fases posteriores de la vida,
salvo en el caso de los nacidos de madres diabéticas, en
los que está aumentada la probabilidad de obesidad.
Denominando a estos grupos como pre-sobrepeso y nunca sobrepeso,
según los datos del National Center for Health Statistics
de revalencia del IMC >25 kg/m2 como la línea divisoria
entre los pre-sobrepeso y los sobrepesos (ver imagen de la historia
natural de la obesidad). Varios estudios epidemiológicos
sugieren que un tercio de los adultos con sobrepeso lo desarrollan
antes de los 20 años, y dos tercios lo hacen después
de esta edad. Por lo tanto, el 75% al 80% de los adultos desarrollarán
sobrepeso en algún momento de su vida. Algunos individuos
con sobrepeso desarrollarán problemas clínicamente
importantes como diabetes, hipertensión, patología
biliar o el síndrome metabólico.

En
esta imagen la obesidad y el sobrepeso se identifican en función
de los grupos de IMC. Las líneas verticales en torno a
los primeros y segundo decenios y cerca del quinto decenio marcan
los límites de edad entre los cuales la mayoría
de los hombres y mujeres se clasifican como nunca sobrepeso, presobrepeso,
sobrepeso y sobrepeso clínico. Los enfoques básicos
de la prevención y el tratamiento se basan en esta caracterización
y la edad del individuo. Tomado de Bray GA. Contemporary Diagnosis
and Management of Obesity. Newtown, Pa: Handbooks in Health Care
Co; 1998.
Por lo tanto una población
se puede subdividir en cuatro subgrupos: nunca sobrepeso, pre-sobrepeso,
sobrepeso preclínico y sobrepeso clínico. Los primeros
son los individuos que nunca desarrollarán sobrepeso, aunque
sólo somos capaces de identificarlos de forma retrospectiva.
El segundo grupo comprende los individuos pre-sobrepeso con un
IMC inferior a 25 kg/m2.
Cuando un individuo desarrolla sobrepeso
sin problemas clínicos de importancia, se trata de un sobrepeso
preclínico. Con el paso del tiempo o mayores incrementos
del peso, estos sujetos pueden presentar signos clínicos
de diabetes, hipertensión, patología biliar o dislipemia.
Una vez que aparece esta comorbilidad, se puede clasificar a estos
sujetos como sobrepesos clínicos.
Como la mayoría de las personas pre-sobrepeso terminarán
con sobrepeso, es importante lograr el mayor conocimiento posible
respecto a los factores de riesgo.
Al rededor de una tercera parte
de la obesidad adulta inicia en la niñez. Se ha encontrado
que ésta se asocia con una obesidad más severa que
aquella que aparece en la edad adulta. Así mismo el adolescente
que persiste con su obesidad hasta la edad adulta tiene mayores
riesgos de morbilidad. La severidad de la obesidad y la edad de
comienzo determinan si la enfermedad va a continuar durante la
vida de adulto. Así mismo mientras más cerca esté
el niño de la edad adulta tiene mayor riesgo de que persista
dicha obesidad.
La
obesidad en los padres aumenta el riesgo de ser un adulto obeso
a cualquier edad. El estudio más comprensible de la historia
natural de dicha enfermedad en niños y adolescentes demostró
que si ambos padres padecen la enfermedad el riesgo de ser obeso
en la edad adulta es mucho mayor, sin importar el peso del niño.
A medida que avanza la edad del niño, el efecto del peso
de los padres va disminuyendo, así como el efecto de la
obesidad presente en el niño y su persistencia aumenta
el riesgo de obesidad.
Existen tres períodos críticos
al comienzo de la vida que afectan la obesidad en los niños,
éstos son: el prenatal, el período de rebote de
adiposidad y la adolescencia.
La evidencia más clara de
que el crecimiento intrauterino influye sobre
la adiposidad futura se deriva del seguimiento de los hijos de
madres no diabéticas. En una revisión reciente encontraron
que diez de once estudios demostraron un aumento de la posibilidad
de obesidad en el adulto, en hijos de madres no diabéticas.
De los ocho estudios en los que revisaron nacimientos de madres
no diabéticas, siete mostraron una asociación positiva
entre peso al nacer y adiposidad en la edad adulta. Los únicos
dos estudios que incluyeron peso materno, todavía mostraban
una asociación positiva significativa, después de
controlar el peso materno. Sin embargo, el peso al nacimiento
sólo hace una pequeña contribución con la
obesidad adulta.
El período de rebote de adiposidad describe
el momento en el cual la curva del índice de masa corporal
(IMC) comienza a aumentar después de un punto muy bajo
que ocurre entre los 6 y 7 años. El comienzo de este rebote
de adiposidad parece asociarse con un incremento de adiposidad
en el adulto, incluso luego de controlada la enfermedad en los
padres.
La adolescencia representa un período
crítico para la obesidad adulta. El comienzo tardío
de dicha enfermedad y la maduración temprana parecen asociarse
con mayor riesgo de padecer obesidad adulta. Así mismo
un grupo grande de obesos severos reporta el comienzo de su enfermedad
en la niñez. El peso corporal durante la adolescencia es
un buen parámetro de predicción del peso en la edad
adulta. En un seguimiento de adolescentes a lo largo de 55 años,
la situación del peso en la adolescencia predecía
los sucesos negativos para la salud posteriores. Los adolescentes
que superan el percentil 95 de peso tenían una probabilidad
de 5 a 20 veces mayor de desarrollar sobrepeso en la edad adulta.
A diferencia de las edades más jóvenes, el sobrepeso
de los progenitores tiene menos importancia en la adolescencia,
o ya ha ejercido sus efectos. Aunque el 70% al 80% de los adolescentes
con sobrepeso con un progenitor con este problema presentaban
sobrepeso como adultos, las cifras sólo eran discretamente
inferiores (54% al 60%) en los adolescentes con sobrepeso sin
progenitores afectados. A pesar de la importancia de la situación
del peso en la niñez y la adolescencia, está claro
que la mayoría de los individuos con sobrepeso desarrollan
este problema en la vida adulta .
La
historia natural de la obesidad indica que los padres obesos de
niños pequeños deben someterse a consejería
para prevenir la obesidad, sin importar el peso del niño.
Todos los miembros de la familia deben controlar el acceso a los
alimentos y reducir el tiempo dedicado a la televisión.
En especial los niños estimularse para que incrementen
la actividad física. Sin importar el aumento de autonomía
que adquiere el niño a medida que crece, el ambiente familiar
es una influencia muy importante en la dieta y la actividad física.
El comportamiento alimenticio y la interacción alrededor
de la comida representan el punto más importante para recibir
una educación preventiva. Como regla general, los padres
deben controlar los alimentos de sus hijos y permitir que elijan
entre los que se le ofrecen y la cantidad que quieran consumir.
Como la inactividad se asocia con el comienzo y la permanencia de la obesidad, el tiempo empleado
viendo televisión representa la principal forma de inactividad
entre los niños. Por eso los límites para ver televisión
deben ser impuestos desde temprana edad y mantenidos a través
del tiempo.
La mayoría de las
mujeres adultas con sobrepeso desarrollan este exceso
después de la pubertad. Varios sucesos, como son el embarazo,
el tratamiento con anticonceptivos orales y la menopausia, pueden
desencadenar esta ganancia de peso.
La ganancia de peso durante el
embarazo, y los efectos del embarazo sobre la ganancia de peso
posterior, son sucesos importantes en la historia del aumento
de peso en las mujeres. Pocas mujeres ganan mucho peso durante
el embarazo, de forma ocasional supera los 50 kilos. El embarazo
por sí mismo puede dejar un legado de peso mayor.
El empleo de anticonceptivos orales puede iniciar el aumento de
peso en algunas mujeres, aunque este efecto está disminuido
con los actuales preparados de dosis baja.
Después de la menopausia se producen ganancias de peso
y variaciones de la distribución de la grasa. El declive
de los niveles circulantes de estrógeno y progesterona
modifica la biología de los adipocitos de forma que se
incrementa el depósito de grasa central. El depósito
de grasa central o abdominal (estimado clínicamente por
la circunferencia de la cintura o el CCC) es un determinante importante
del riesgo cardiovascular. La terapia sustitutiva con estrógenos
no evita la ganancia de peso, si bien puede minimizar la redistribución
de la grasa. Un estudio prospectivo de 63 mujeres en la posmenopausia
temprana comparó 34 que iniciaron terapia continua con
estrógeno y progesterona con mujeres que no la iniciaron.
El peso corporal y la masa adiposa aumentaron de forma significativa
tanto en las mujeres tratadas (73.2-75.6 kg) como en los controles
(71.5-73.5 kg). Sin embargo, el CCC sólo aumentó
significativamente en el grupo control (0.80-0.85). La ingestión
calórica y de macronutrientes no se modificó en
ninguno de los grupos. De forma similar, un ensayo clínico
de 2 años que estudió los efectos de los suplementos
de estrógeno en mujeres posmenopáusicas mostró
un aumento de la grasa corporal.
En varones adultos
la transición entre un estilo de vida activo durante la
adolescencia y el principio del tercer decenio de vida, y unos
hábitos más sedentarios posteriormente, se acompaña
de aumento de peso en muchos hombres. El aumento de peso continúa
durante la edad adulta hasta aproximadamente el sexto decenio
de vida . Después de los 55 a 64 años, el peso relativo
permanece estable y después empieza a declinar. Los datos
del estudio de Framingham y los estudios en soldados sugieren
que los hombres han ido aumentando de peso a lo largo del siglo
XX.
Estabilidad del peso y
variaciones cíclicas:
El peso varía a lo largo del día al comer y metabolizar
los alimentos. El peso corporal también varía de
unos días a otros, de unas semanas a otras, y en períodos
más prolongados. Para comprender la obesidad es importante
entender estas fluctuaciones y su relación con las variaciones
cíclicas del peso en relación con hacer dieta y
su recuperación (dietas en yoyó).
Williamson estudió las variaciones
del peso a lo largo del tiempo. Los adultos de menos de 55 años
tienden a ganar peso, los de más de 55 años a perderlo.
Los adultos más jóvenes son los que más peso
ganan, y los de edad más avanzada los que más pierden.
A lo largo de un período de 10 años, las mujeres
tienen una variación significativamente mayor de su peso
que los varones. En varones de entre 25 y 44 años, se encontró
una ganancia de peso del 25% en el 2.9%, frente al 6.5% en las
mujeres de la misma edad. En edades medianas, el porcentaje de
individuos con un 25% de ganancia de peso ha descendido a casi
la mitad, el 1.8% en los varones de 45 a 64 años, frente
al 2.9% en mujeres del mismo grupo de edad. La pérdida
de más del 25% del peso en norteamericanos de 65 a 74 años
fue más frecuente en mujeres (6.5%) que en varones (2.2%).
En grupos más jóvenes, la probabilidad de una ganancia
importante de peso era sustancialmente mayor en las personas con
sobrepeso que en las de peso normal. Como es frecuente la incidencia
de ganancia importante de peso en adultos jóvenes, este
grupo es un objetivo fundamental de las medidas de prevención.
Las variaciones cíclicas
de peso relacionadas con el seguimiento de dietas se conocen como
dietas en yoyó, aluden a los ascensos y descensos del peso
que se dan con frecuencia en personas que hacen dieta, pierden
peso, dejan de seguirla, y recuperan lo que perdieron y a veces
más. La posibilidad de que las pérdidas y ganancias
sean más negativas que permanecer obeso es objeto de un
apasionado debate. En una revisión de la literatura entre
1964 y 1994, un grupo de expertos concluyó que la mayoría
de los estudios no apoyan que existan efectos negativos sobre
el metabolismo en relación con las variaciones cíclicas
de peso. Además son pocos o inexistentes los datos de que
sea más difícil perder peso la segunda vez después
de recuperarlo tras un intento anterior. La mayoría de
los expertos están de acuerdo en que las variaciones cíclicas
de peso no aumentan la grasa corporal ni afectan negativamente
a la presión arterial, el metabolismo de la glucosa o la
concentración de lípidos.
Estrategias de Tratamiento según
los Grupos de Edad
Después de que el clínico
ha estudiado un paciente concreto, ya sea varón o mujer,
y decide que está dispuesto a perder peso, es necesario
encuadrar al paciente en uno de los grupos basados en el índice
de masa corporal ajustado al riesgo. El enfoque básico
de la prevención y el tratamiento se basan en esta caracterización
y en la edad del sujeto.